25 de noviembre de 2016

Siempre hemos vivido en el castillo - Shirley Jackson

Vengo hoy con otra lectura conjunta, esta vez organizada por un grupo en Goodreads (La cafetería de Audrey), se nos agrupó por temas y a mí me tocaron los Psicópatas, que cosas tiene la vida... A pesar de ser cuatro chicas en total, sólo dos hemos aportado libros para la lectura, por mi parte decidí proponer Piercing de Ryū Murakami y la otra chica propuso Siempre hemos vivido en el castillo, la verdad es que me hizo gracia volver a leer algo de Shirley Jakson (aunque habría preferido que fuera La lotería pero igual no entraría dentro de este subgénero...).




De qué trata el libro?

Merricat tiene dieciocho años y vive junto a su hermana Constance y su tío Julián en la mansión Blackwood. Hace años algo horrible ocurrió y el resto de la familia murió envenenada, debido a ello Constance vive recluida en su casa y el tío presenta secuelas físicas y mentales.
Merricat vive feliz con su gato excepto por los viajes que debe realizar al pueblo, donde sufre las vejaciones del resto de habitantes.
Es una novela que se publicó en 1962.

Mis impresiones

Merricat es quién nos cuenta la historia de Siempre hemos vivido en el castillo y lo hace a su manera, ella explica lo que nos quiere explicar y aunque a nosotros, los lectores, nos gustaría conocer más del pasado o del presente, tenemos que conformarnos con lo que ella no da y lo que no sabemos lo tenemos que imaginar y confirmarlo -o no- a posteriori. A través de sus ojos vemos el mundo que les rodea, como quiere evitar a toda costa que se produzcan cambios a su alrededor y como para conseguirlo realiza pequeños actos mágicos, nos cuenta que quiere conseguir con ellos y las consecuencias que tiene cuando no los realiza correctamente.

Es una chica extraña, ambigua y compleja, que lo explica todo de una forma bastante infantil pero que controla a su manera todo lo que ocurre en la casa, su hermana Constance está siempre pendiente de ella y de sus caprichos y eso no hace más que aumentar su dependencia y sus ganas de que todo quede como está. En algunos momentos la forma de comportarse de Merricat da una cierta rabia, dan ganas de zarandearla un poco a ver si reacciona y deja los rituales y asume la situación en la que viven, lo que ha ocurrido y lo que está por ocurrir, que asuma su papel en los problemas que las rodean, en fin, que madure de una vez, pero también acabaríamos zarandeando a Constance por dejarla permanecer así y envolverla en algodones, aunque visto lo que sucede a posteriori, igual es mejor que la hermana pequeña no se enfade.

Los personajes están bien desarrollados, más que el aspecto físico la autora se ha centrado en dotarlos de una particular personalidad, centrándose sobretodo en las dos hermanas, aunque el tío Julián tampoco se queda corto. 

Es una historia fácil de leer, donde a pesar de intuir desde el principio qué ocurrió la noche del envenenamiento queremos seguir leyendo y ver que es lo siguiente que ocurrirá. Jackson crea un buen contexto y una buena ambientación, recreándose bastante en la casa, en su pasado e historia pero, se lee con placer y ayuda a que vayamos situando las diferentes escenas. 

No es una historia de terror ni de psicópatas al uso, es una historia donde lo que estremece son las palabras y la forma en que se cuenta la historia, pero no recibiremos ningún susto ni siquiera notaremos una cierta angustia.

Es apta para todos los públicos, careciendo de sangre, vísceras, asesinatos... vaya, que cualquier estómago sensible puede empezar la historia sin ningún temor, sabiendo que lo único que puede llegar a producirle temor es aquello que se imagine. Realmente asistimos a la vida cotidiana de la familia, como organizan la casa, las comidas, como se desarrollan las relaciones entre los diferentes miembros y la gente del pueblo o los que llegan a visitarles, sean familia o amigos, es una novela donde no hay casi acción y todo transcurre de forma apasible, lenta y sin -casi- sobresaltos, esto contrasta con la idea que tenemos al empezar la historia.

Debo decir que me ha gustado, si bien a veces Merricat me sacaba un poquito de quicio por su forma infantil de actuar y por esa resistencia ferrea al cambio. No es una novela que hubiera leído por voluntad propia y por eso ha estado bien que la propusiera otra persona, gracias a la lectura conjunta he descubierto no sólo este libro sino también el que yo propuse y que os contaré -con suerte- en próximas entradas.

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